Hace poco vi en este espacio un blog con propuestas muy interesantes, habla acerca de las disfuncionalidades que la U de C muestra en su sistema y pone en evidencia las “injusticias” de su recaudación obligatoria de recursos alias Sorteo Lloro, algo que yo viví en frustración en mis tiempos de estudiante y a lo que tuve que acceder comprometiendo mi independencia como universitario y doblegando mis inconformidades en pos de conseguir el título; situación en la que creo viven todavía miles de estudiantes de la Universidad de Colima. http://neutroscom.blogspot.com/
Sin embargo, más que promover una buena propuesta, mi intención primordial es hacer eco de las intenciones críticas de éste y otros espacios de expresión personal, para demostrar (con mi pequeño aporte) que los inconformes somos muchos y que la voz que callamos tan obligatoriamente como vendemos el boleto del sorteo, puede tener y tendrá una expresión cada vez mayor conforme la decisión de aceptar nuestras inquietudes y actuar al respecto se refuerce, porque el pensamiento libre es el constructor del progreso, y donde hay duda hay libertad.
Pero, si pudiéramos profundizar en el entendimiento de cómo funciona la Universidad, y lo que en realidad es, no nos parecerían tan sorprendentes sus medidas, puesto que en realidad la Universidad de Colima funciona plenamente como UNA EMPRESA, en la que los clientes somos los estudiantes y la institución es el proveedor; el producto es un paquete de “educación” francamente barato y obsoleto que se reparte a plazos como el crédito de una propiedad, en este caso semestrales, y sólo adquiere funcionalidad al haberse adquirido el producto completo validado por un título, que permitirá realizar inversiones supuestamente productivas, como ser contratado por una empresa o realizar un proyecto profesional, que en realidad son inversiones de riesgo porque en la actualidad sólo un ridículo porcentaje de los titulados remunera los gastos y el tiempo invertidos, es decir, una cantidad decepcionante de profesionistas titulados adquiere un puesto digno de su grado de estudios. Asemeja a una compañía apoyada por el gobierno, como lo sería alguna organización bancaria, que por ende no presenta los mismos precios al público que una institución privada y plenamente independiente pudiera presentar, pero que aún así cobra lo suficiente para sustentar a una amplia jerarquía de empleados y ejecutivos (también conocidos como profesores y directivos), dándole continuidad a una empresa que sustenta los salarios y la productividad de cientos de integrantes, y que tiene garantizado el flujo continuo de nuevos asalariados puesto que la opción más sustentable de trabajo, en caso de que el profesionista no encuentre oportunidades en otra empresas, es laborar en la misma Universidad.
Al no estar afiliada como empresa o asociación comercial, la U de C no tiene mayores problemas con los impuestos o los trámites de auditoría, sin embargo si es independiente y libre de manejar sus recursos e inversiones, y es aquí donde surgen las irregularidades como por ejemplo, el Sorteo Loro. Dentro de los cánones y conceptos del mundo financiero, si consideráramos a la U de C como empresa oficialmente, el asunto del sorteo puede ser fácilmente calificado de extorsión, corrupción y mal manejos de recursos, puesto que la idea misma de extorsionar a los clientes condicionándoles, amenazándolos con una merma en la recepción de su producto (el título en cuestión) en caso de no cumplir con la venta del mentado boleto, es una transgresión absurda de los derechos del comprador; es como si una persona comprara a crédito, digamos, un refrigerador, en una tienda departamental, y en determinado momento la tienda le amenazara de obstaculizar la compra del producto acordado con los pagos, si uno no va y reparte volantes publicitarios de la misma tienda.
Los estudiantes PAGAN por su educación, siendo conscientes de que la requieren para ser competitivos en una economía muy exigente, recurren a los pocos medios que tienen para reunir el pago continuo de la inscripción, tanto como se paga la renta o la luz, desarrollando el famoso síndrome “estudihambre”; no es un lujo en la gran mayoría de los casos, no están pensando en enriquecer su acervo cultural ni en intelectualizarse para debatir refinadamente en sus noches bohemias de café, están pensando en tener un trabajo digno, ser capaces siquiera de competir por él, y bajo esas circunstancias invierten dinero que no les sobra en adquirir estas posibilidades, tal como un granjero invierte en un tractor para mejorar la productividad de su terreno.
Ante estas circunstancias, los directivos de la empresa Universidad de Colima S.A. de C.V, extorsionan, he dicho bien, extorsionan a los alumnos bajo amenaza de reprobación en servicio social para comprar el boleto, perdón, vender el boleto (a la gran cantidad de personas que están dispuestas a comprar un boleto de lotería en 250$), o ser empleados como mano de obra barata, no, gratuita, en sus actividades laborales, recabando recursos millonarios que definitivamente no se reflejan en la calidad de las instalaciones o modernización en general.
Esto es, según mi osada opinión, corrupción empresarial, extorsión, mal manejo de recursos, en pocas palabras, es usar el hambre de la gente para ponerlos de vende-cachitos o de chalanes, trastornando el sentido de dignidad de los alumnos, y pretendiendo que no son ellos quienes sustentan toda la maquinaria universitaria.
Así que, ¿Qué harías si La Marina te extorsionara para que trapees el piso o vayas de casa en casa vendiendo productos a domicilio, por ejemplo, cuando querías comprar una televisión a crédito, comenzaste tus pagos, y te amenazan con cancelar tu crédito sin devolución?
martes, 28 de octubre de 2008
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