En la gran mayoría de las cosas, la simplicidad va de la mano de la eficacia, el camino más rápido desde un punto A a un punto B es una línea recta, y las ondulaciones y desviaciones, si no son completamente necesarias para solventar obstáculos inamovibles, son una mera pérdida de tiempo. Entonces, ¿por qué favorecemos en nuestra cultura el hábito de postergar, de dar vueltas en círculos ante problemas que sencillamente podrían ser resueltos actuando? Es de lo más común y tristemente tradicional escuchar a conjuntos de personas quejándose del gobierno, de su situación actual, de las irregularidades del sistema administrativo de la empresa para la que trabajan, de su mala salud y de la inmoralidad y malicia de los “otros”. Para exponer lo que veo como un mal hábito generalizado, describo dos ejemplos:
-Una señora que día tras día se queja de su mala salud y los problemas en las articulaciones que le provoca su sobrepeso, mientras come una buena cantidad de tacos y bebe un refresco.
-Un grupo de jóvenes empleados quejándose de su jefe directo, enfurecidos porque éste les debe dinero desde hace meses y porque se atribuye ante los cargos elevados el trabajo que ellos efectúan; uno entre ellos dice “¿y que van a hacer?” provocando un lapso de silencio, después del cual se reinicia la queja generalizada, siendo sólo eso: una queja inservible.
Porque, en esencia, las quejas y los lamentos son completamente inútiles, si no es que sirven al propósito de amargar el ambiente y el estado de ánimo en un círculo vicioso que provoca aún más parálisis social; las lamentaciones servían cuando éramos infantes y no teníamos la capacidad de resolver nuestras propios problemas y dependíamos de nuestros padres, pero, en teoría, en algún momento maduramos y nos hicimos personas capaces de proponer, planear y efectuar para resolver nuestros propios problemas; ¿en qué momento olvidamos que nos fue entregada la llave de nuestro destino?
De no proponer yo algo después de haber señalado y argumentado sobre las fallas de nuestros hábitos, caería en el mismo círculo de lamentación y crítica inútil que describo, sin embargo tengo una propuesta: una triada que ha sido ampliamente debatida y probada, y en todos los casos ha resultado ser funcional: Las tres verdades.
-Primera verdad:
El proceso de la primera verdad radica en darse cuenta de la situación en su totalidad, o de no ser posible, en su mayor parte, con una visión clara, desapegada y objetiva, conocer y analizar la problemática cual cazador acechando a su presa, y no como presa atemorizada del cazador; el primer paso hacia la victoria sobre una problemática es verle como es esencialmente, al entender claramente una situación se obtiene poder sobre ésta. Un ejemplo: conoce y analiza la corrupción del sistema administrativo de tu trabajo, llega al entendimiento de ello, entonces serás capaz de evadir la amenaza, trabajar con la precaución de no ser avasallado por ella, y en dado caso, transformarle.
-Segunda verdad.
La segunda verdad es la verdad de que la primera no importa, ¿a que me refiero? La primera verdad no tiene poder sobre mí, no me afecta, y pase la que pase no dejaré que me afecte porque no importa, he decidido verlo como en realidad es y de esta forma restarle importancia, a esto se le conoce como ecuanimidad. Ver a la bestia a la cara y permanecer impasible ante ella, imperturbable, sin añadirle ni quitarle atributos, sin odiarle ni temerle; en la segunda verdad uno se desliga de la problemática antes comprendida, y de esta forma el efecto negativo sobre la moral y la vida es anulado: El sistema administrativo de mi empresa es corrupto, he entendido plenamente esto y ahora le acepto y me desligo de ello, me he liberado de la intimidación de la problemática.
-Tercera verdad
La tercera verdad aparece como un cierto antídoto ante un probable cinismo que pudiera devenir de la segunda verdad: “bien, no importa, no me afecta, me he desligado, seré feliz en mi cinismo y dejaré que los demás se preocupen de tonterías” Ante esto, la tercera verdad bien pudiera ser la más importante: Lo único que importa es el momento.
La importancia del momento es tal, que es lo único real (material para un tema posterior) y en tal caso es lo que verdaderamente importa. He conocido la naturaleza de la problemática, me he desligado de su efecto sobre mi, sin embargo yo existo y existo en el momento, y junto a mi existe la problemática, la he comprendido, me he desligado, no le temo, no me intimida, he de desaparecerla. El momento se compone de acción, es todo, no es futuro que es una idea, ni pasado que es la idea de algo que ya dejó de existir, siendo el momento todo lo que importa, y siendo su naturaleza la acción, la única respuesta es actuar, y nada más, callar y actuar. La bestia ha sido identificada, se le ha visto como es y no se le ha temido, el momento es todo lo que existe, sólo la flecha clavada en el corazón de la bestia será importante, todas las demás fantasías y quejas acerca de la bestia, debates y especulaciones, son nada.
Se ha de actuar… nada más que decir.

1 comentario:
Yo Soy, en presente, en el momento, en el ahora. Un abrazo bro.
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